Un precio está bien puesto cuando cubre coste, margen y percepción de valor. Antes de cambiarlo, calcula qué te deja cada venta y comprueba si el cliente entiende por qué ese precio tiene sentido.
El objetivo es resolverlo sin perder cercanía ni complicar más la operación. Para eso conviene mirar caja, margen y decisiones de dinero, pero aterrizado a la compra, la exposición del producto y el trato directo. No hace falta montar un sistema enorme: basta con elegir pocos datos, revisarlos siempre igual y convertirlos en una acción concreta.
Qué mirar primero
Empieza por observar ventas diarias, margen real, costes fijos, pagos próximos y productos o servicios que dejan beneficio.
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